domingo, 22 de septiembre de 2013

Batalla Yaguachi

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 o Batalla de Cone
19 de Agosto de 1.821

ANTECEDENTES

Luego de las derrotas de Huachi, Verdeloma y Tanizagua las ciudades de Cuenca, Riobamba, Ambato y Latacunga volvieron a manos realistas y quedaron bajo el resguardo del Comandante español Puyol y del Capitán Agustín Agualongo.

El Crnl. Luzuriaga regresa a Guayaquil después de la derrota entrega el mando y las tropas restantes y vuelve al Perú por esta causa la Junta de Gobierno de Guayaquil elige al Crnl. Torres Valdivia como nuevo jefe militar quien se encarga de reforzar la zona de Babahoyo-Zapotal con el batallón “Voluntarios de la Patria”.

A inicios de Enero de 1.821 el Gral. Bolívar envía a Guayaquil al Gral. Mires y a los edecanes Pombo y Morán junto a 1.000 fusiles, 50.000 cartuchos, 8.000 piedras de chispa, 300 sables y 100 pares de pistolas además de la orden precisa de efectuar las acciones necesarias para liberar Quito.

Bolívar logra que la Junta Guayaquileña acepte su ayuda y “como muestra de la devoción de Colombia hacia la causa libertaria” manda al Gral. Antonio José de Sucre que llega a Guayaquil el 6 de Mayo de 1.821.

Una vez en Guayaquil el Gral. Sucre consigue que la Junta de Gobierno lo nombre Jefe Supremo del Ejército, estableciendo su cuartel general en Samborondón desde donde envía tropas a Babahoyo al mando del Tcrnl. Nicolás López.

Las fuerzas con las que el Gral. Sucre llega a contar suman alrededor de 1.700 hombres, a la par de esta situación se forma un grupo de conspiradores liderados por el Crnl. Juan de Dios Araujo, Comandante de la Provincia, Tcrnl. Nicolás López, Comandante del batallón “Libertadores” , Comandante Bartolomé Salgado, Segundo comandante del batallón “Libertadores” y el Tnte. Ramón Ollague, jefe de la flotilla apostada en el río Guayas compuesta por un bergantín, una corbeta, 2 goletas, y 10 lanchas cañoneras.

El acto sedicioso se ejecuta el 16, 17, 18 y 19 de Julio pero no logra mayor adhesión entre las tropas libertadoras, por lo que unos cuantos traidores toman la vía Guaranda- Riobamba, enterado el gral. Sucre dispone al Tcrnl. Cestáris y al Cmdte. Vicente Castro perseguir a los sublevados, el primero los alcanza en Palo Largo y los derrota, mientras que el segundo los alcanza en Playas y reintegra a 300 de los amotinados una vez más al ejército patriota.

Al mismo tiempo el Gral. Melchor Aymerich llega a Riobamba con 2.000 soldados y establece su cuartel general en la ciudad  y recibe a Nicolás López, lo asciende a Crnl.e integra a su fuerza a los 200 amotinados que acompañaban a López.

Aymerich consciente de la situación decide dividir sus fuerzas y atacar por dos frentes, el primero que lo dirigiría el mismo recorrería la ruta Riobamba-Guaranda-Balzapamba- Babahoyo y, la otra división a cargo del Crnl. González iría por la vía Cuenca-Tambo-Suscal-Boliche-Yaguachi Viejo-Babahoyo, quedenado en reunirse en Babahoyo el 20 de Agosto de 1.821.
Definidas las acciones a ejecutarse González parte de Cuenca el 31 de Julio dejando una guarnición militar en la ciudad a cargo del Capitán Agustín Agualongo y del Tcrnl. Carlos José Marín.

Una vez iniciado el avance el Crnl. González planea atacar al Gral. Sucre en un comienzo por la vía a Naranjal pero decide continuar más hacia el Norte no sin antes enviar a la Sexta Cía. del batallón “Constitución” hacia Naranjal, tal y como lo planeo desde un principio, a la altura de Cañar cambia una vez más de ruta y gira a la izquierda hacia el camino de “Quebrada Honda”.

Sucre con una fuerza inferior en números analiza la situación y decide concentrar su fuerza y atacar al Crnl. González en las cercanías de Yaguachi, organiza una fuerza de reserva y la pone al mando del Cmdte. Sebastián Pinilla y los envía a Portoviejo, ordena el avance de la vanguardia dirigida por el Gral. Mires hasta el punto “Boca de Montaña” y programa la marcha de sus efectivos para el 17 de Agosto de 1.821.

El día de la marcha las huestes patriotas recorren 55 kms. a marcha forzada para llegar a Yaguachi, el 18 de Agosto realizan las inspecciones del caso a sabiendas del avance de González, las labores de reconocimiento las ejecuta el Tcrnl. Cestáris al mando de un grupo de “Dragones” (caballería) con la misión de encontrar un campo adecuado para la lucha, evaluar las posiciones y el número de adversarios y tomar, de ser posible prisioneros con la finalidad de interrogarlos.

Al amanecer del 19 de Agosto de 1.821 las milicias libertadoras salen de Yaguachi y ocupan las posiciones elegidas por el Tcrnl. Cestáris encontrando en su camino a las tropas realistas.



EL COMBATE

Una vez en camino el Gral. Sucre llega a la “boca de montaña” de Yaguachi en el sitio denominado Cone lugar en el que la victoria patriota tendría a lugar, el terreno a pesar de ser plano estaba cubierto por un bosque alto en el que no se podían desplegar las fuerzas a plenitud porque el camino era angosto y no permitía el tránsito de dos hombres frente a frente, sin embargo, la compañía de cazadores del batallón “Santander” se dio modos y penetró en orden de tiradores por el lado derecho y de igual manera por el izquierdo asediando a los realistas y manteniendo un cruce de fuego sostenido hasta el momento en que el resto del batallón encontró la forma de embestir de frente al enemigo haciendo que estos se replieguen hasta un punto en el que pudieron formar un cuadro e intentar resistir los ataques libertarios, hasta que el Cmdte. Félix Soler en una de estas arremetidas consiguió romper el cerco y finalmente batir en retirada a los soldados realistas dando de esta forma una nueva victoria a la causa libertaria.

El número de bajas entre las tropas hispanas fue bastante alto debido a que el Crnl. González únicamente logra escapar con 200 efectivos para dirigirse una vez más hacia Cuenca.

Frustrado el ataque español, Melchor Aymerich, decide regresar a Riobamba, con un contingente de 1.500 infantes y 600 jinetes, a replantear sus estrategias de combate.

TÁCTICA Y ESTRATEGIA

La estrategia del Gral. Sucre de atacar, “en apariencia” a la fuerza más débil de las tropas realistas en este caso fue acertada puesto que al realizar el avance nocturno y disponer de la posibilidad de escoger el terreno de combate también fue favorable al militar venezolano.

La acción en sí pese a verse dificultada en un principio por la irregularidad del terreno, finalmente, se alió al bando libertario el mismo que pudo dividir su fuerza en dos frentes de combata a cada flanco obligando a los españoles a replegarse y dando tiempo suficiente, con sus arremetidas, para que el resto del batallón cargue, obligue a retroceder y a formar un cuadro defensivo a los españoles, situación que dificultó aún más su defensa, porque el ataque se volvió más y más recio y continuo, lo que a la postre terminó por debilitarlos rompiendo su formación y  forzándolos a retirarse de la contienda dando la victoria a las milicias libertadoras.


Gral. Melchor Aymerich  


PROTAGONISTAS

EJERCITO REALISTA
Crnl. Francisco González
Gral. Melchor Aymerich
Cmdte. Crnl. Francisco Eugenio Tamariz
Cmdte. Tcrnl. Bartolomé Serrano

EJERCITO PATRIOTA
Gral. Antonio José de Sucre
Gral. José Mires
Comandante Félix Soler
Tnte. Abdón Calderón

Tnte. Abdón Calderón

FUERZAS MILITARES

EJERCITO REALISTA
CABALLERÍA
Escuadrón “Trenes de la División
INFANTERÍA
Batallón “Constitución”
Batallón “Ligero de los Andes”

Gral. Antonio José de Sucre


EJERCITO PATRIOTA
CABALLERÍA
Escuadrón "Dragones"
Escuadrón “Guías”

INFANTERÍA

Dos Compañías de batallón “Libertadores Nº 2”
Dos Compañías del batallón “Santander”
Batallón “Albión”
Batallón “Voluntarios de la Patria”


CONCLUSIONES

Este triunfo salvo a la ciudad de Guayaquil de una eventual ocupación por parte de los realistas.
Esta victoria levantó el ánimo de los patriotas y permitió dejar habilitada una vía para la ejecución de incursiones a futuro al interior de la serranía nacional.
Con este combate se cierra la segunda etapa de la guerra y obliga el repliegue peninsular al interior de la Presidencia de Quito.

CONDICIONES METEOROLÓGICAS

El clima al tiempo que se desarrolló este combate, según cuenta la historia, podría decirse que relativamente benigno debido a la finalización de la estación invernal en la región costera del país por lo que es posible que las temperaturas no hayan excedido más allá de los 15 o 20º centígrados con días relativamente soleados.


Fraternalmente

Luis Romero Yahuachi

lunes, 22 de julio de 2013

Coronel Becerra

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El Coronel Manuel José Becerra Silva fue declarado héroe nacional, por ley Nº 23955 del 27 de octubre de 1984, a cien años de su rotundo triunfo en la Batalla de El Cárcamo, que se llevó a cabo el 18 de septiembre de 1883. Ahora está con el laurel inmarcesible de vencedor, junto a Grau, Bolognesi, Cáceres y Quiñones, en el altar que la patria ha destinado para distinguir y homenajear a sus hijos predilectos.   

NACIÓ PARA HÉROE

El Coronel Becerra nació el 20 marzo de 1843 en Chota y también se educó allí, terminando sus estudios secundarios en el Colegio Nacional San Juan el año 1871. El año 1872, por su capacidad intelectual y probidad de sus actos, es nombrado director del Colegio Nacional de Caraz. Pero Chota lo reclama, y regresa el año 1874, como Vice-Rector (Sub Director) y profesor de matemáticas del Colegio San Juan.



Su reconocida habilidad y espíritu de trabajo, así como su dinamismo y magistrales conocimientos matemáticos, muy pronto lo convierten en el líder y guía ejemplar tanto de la juventud Sanjuanista como también de toda la juventud chotana, de tal manera que es el hombre indicado para regir los destinos de la administración distrital y provincial, de allí que en 1878, es elegido con gran popularidad, Alcalde Provincial de Chota.
Cuando Chile le declara la guerra al Perú – 5 abril 1879 – Becerra era el Jefe indiscutible para la ocasión, muy querido por sus alumnos y por el pueblo chotano. Es decir, Becerra NACIÓ PARA HÉROE. Sus innatas condiciones de hombre probo, de temperamento enérgico y de notable carisma, fueron valoradas por sus paisanos, convirtiéndose desde aquellos días en un verdadero héroe. Claro que en esos momentos difíciles, varios chotanos demostraron su amor a la patria, pero Becerra era el faro guía, el que contagiaba a toda la población en las diversas actividades preparatorias para la guerra.

Desde aquel 5 de abril, se le ve a Becerra en todas partes: organizando comisiones para colectas de dinero, armas, municiones, tela para uniformes, estandarte, medicinas y, principalmente, en la organización del Batallón Chota, que después fue llamado Batallón Chota Nº 7, con un efectivo de más de 300 hombres y una estructura magnífica que sobresalía a la de muchos batallones limeños.

Recordemos algunos pasajes de su ARENGA en la Asamblea Popular en la Plaza de Armas de Chota, en la que comunica la declaratoria de Guerra de Chile al Perú, registrados con la pluma de un poeta anónimo que presenció dicha asamblea, y nos dejó escrito lo siguiente:

Salieron de su verbo / encendidas bandadas / de avecillas blaquirrojas / y todos en / silencio le escucharon decir: / porque la patria es nuestra y hermosa / y sólo nuestra / yo defenderé con mi vida / su primer grano de arena, / defendamos con nuestras vidas / su última línea de horizonte. / Vientos de arauca / nos mandan ventarrones / de guano y de salitre / y traen además dos cajas fuertes / y dos gringos de escolta, / un norteamericano y un inglés./ ¡Aquí están tus alumnos! / dijo el San Juan; / ¡Aquí tus vecinos!/ dijo el pueblo.
Terminó el mitin en forma estruendosa: / ¡Viva Chota!, ¡Viva el Perú!, ¡Muera Chile!



Becerra condujo a su batallón a pie hasta Trujillo, en buenas condiciones, superando los estragos del frío; y después del calor en los arenales de la costa, llegando a Trujillo la segunda quincena de mayo de 1879.
El itinerario fue el siguiente: Chota, Quilcate, San Pablo, Chilete, Ascope y Trujillo, a pie. De Trujillo el batallón fue transportado a Lima por barco.
Partieron de Chota la primera semana de mayo 1,879; la llegada a Ascope entre el 12 y 15 de mayo; a Trujillo entre el 16 y 20 de mayo. En Trujillo fueron embarcados aproximadamente el 30 de mayo, y su arribo al Callao fue el 4 de Junio de 1,879. Naturalmente que algunas fechas son aproximadas, otras son exactas y constan en documentos de la época o en copias de documentos.
Pocos días después el Batallón se embarcaba por mar rumbo a Lima, llegando el mes de junio. Allí, su figura era inconfundible en las etapas de entrenamiento militar: su talla mediana, facciones regulares, delgado, ojos vivaces y enérgico en su trato, permitieron una rápida capacitación militar de sus soldados (además de los distinguidos jefes limeños destacados al batallón como instructores) a tal punto que en pocos meses ya el batallón Chota estuvo en capacidad de ser incluido en los planes de la defensa de Lima, junto a otros batallones de línea.



Los chotanos combatieron en las batallas de San Juan y Miraflores – enero 1881 – murieron muchos chotanos, hasta algunos músicos, y salieron heridos varios. Uno de los que se batió con heroísmo fue el mayor José Osores Valera que murió en la batalla de Miraflores –su nombre figura en el monumento del Morro Solar, Chorrillos, erigido a los defensores de la patria-. Becerra salió herido.

Una vez que los chilenos ocuparon Lima, Cáceres y Becerra tuvieron una entrevista, toda vez que el Brujo de los Andes fue testigo de la bravura de Becerra y de su intención de continuar la lucha contra el invasor mapochino. Cáceres exhortó a Becerra a continuar con la resistencia y apoyarlo llegado el momento de romper fuego sobre los invasores.
Cáceres partió a la sierra central y Becerra a Chota con unos cuantos sobrevivientes.

Becerra en Chota organiza un nuevo batallón “Defensores de la Patria” y se levanta en armas junto al Coronel cajamarquino Mercedes Puga, protestando por la inacción del Contralmirante Montero y el Coronel Miguel Iglesias, para organizar la resistencia contra los chilenos. No daban señal alguna.

El movimiento militar no prosperó y Becerra con algunos de sus seguidores se trasladó a Huambos y allí permaneció en la casa de unos familiares de su esposa.

Cuando Becerra se encontraba en Huambos, una madrugada fue sorprendido por una comisión de 20 hombres al mando de don Esteban Acevedo, enviada por el general Iglesias, los que sitiaron la casa donde se encontraba Becerra durmiendo. El día anterior había llegado su cuñado, don Miguel Vílchez, con quien se dijo iba a emprender un viaje a la costa por asuntos de negocios; por este motivo Becerra se encontraba con su cuñado. Al aclarar el día los de la comisión golpearon la puerta y le pidieron rendición; a esto Becerra contestó: ¡NO ME RINDO, Y ENTRE EL QUE PUEDA!, quedando los de la comisión paralizados (conociendo la fama de Becerra), esperando que al fin Becerra se doblegara.


Manuel Montenegro Villalobos, natural  de Huambos (Chota-Cajamarca)
Cabo de la 1ra. Compañía del Batallón Chota Nº 7.
 Murió en la Batalla San Juan (13 de enero de 1881)



Los huambinos partidarios de Becerra que se habían enterado del incidente, se dirigieron debidamente armados a la huerta inmediata a la casa donde estaba él, denominada Tunacirca, avisándole a Becerra por intermedio de una señora llamada Cruz Olano la que hizo su ingreso a la casa sitiada fingiendo ser ama del menor hijo de Becerra para atenderlo; lo que fue aceptado por los sitiadores, ya que llevaba debajo del brazo algunos pañales. Becerra aconsejó a la señora Olano que saliera nuevamente con una taza para traer remedio, dejando la puerta un poco abierta. Esteban Acevedo, jefe de la comisión, que se encontraba paseándose en la vereda, tuvo el descuido de pararse en la puerta mirando hacia adentro, ocasión que aprovecharon los sitiados para dispararle un balazo que le atravesó del pecho a la espalda.
Los miembros de la comisión al ver caer a su jefe, trataron de huir inmediatamente, pero al mismo tiempo salieron los Becerristas de la huerta vecina disparando sus armas y vivando a Becerra, quien salió de la casa junto con su cuñado gritando ¡Viva Huambos! y de inmediato persiguieron a tiros a los de la comisión, que al ver la decisión de los Becerristas, escaparon en diferentes direcciones. En esta acción cayeron muertos los chotanos Segundo Pérez y Pablo Gavidia; a Esteban Acevedo lo mandó recoger la señora Juliana Villalobos con la misma gente de Becerra y le proporcionó los cuidados necesarios hasta que poco a poco se recuperó. Acevedo en agradecimiento, en adelante la trataba de "Mamá Juliana" y a su hijo Ezequiel de hermano, tratamiento que le dio hasta su muerte; quedando también muy agradecido de los huambinos que, pudiendo victimarlo le ayudaron a sanar pronto.

El general Iglesias al conocer los hechos ordenó que desde Chota viajara con dirección a Huambos el coronel Manuel Antonio Sánchez al mando de trescientos hombres a combatir a Becerra hasta derrotarlo. Becerra fue avisado y resolvió esperarlo y enfrentarlo, construyendo trincheras con su gente a la entrada de la ciudad en los lugares denominados Portachuelo y la Ermita.
Manuel Antonio Sánchez dispuso que su gente atacara en dos direcciones. Una fuerza atacó por el Portachuelo, ingresando por "La Loma" y la otra por "La Ermita". El combate duró tres horas. Los atacantes incendiaron las casas de La Loma y dirigieron sus disparos nutridos contra los Becerristas quienes, al ver que los enemigos eran superiores en número y estaban bien armados, emprendieron la retirada, protegiendo siempre a su jefe. La lealtad de su gente, el valor y decisión con que combatieron, así como la acción vandálica de la gente de Manuel Antonio Sánchez, fue descrita por el propio Becerra en los siguientes versos:

EL COMBATE DE HUAMBOS

De inmediato Becerra decide organizar la resistencia en la región de la costa –julio 1882- y para eso viaja al departamento de Lambayeque con unos cuantos sobrevivientes. En esa región, poco a poco organiza otra unidad, denominada “Batallón Chota Nº 4”, con un efectivo reducido, hasta que en el año 1883 llegó a completar un efectivo de 180 hombres de caballería e infantería.

Estableció su centro de operaciones en Chiclayo y allí iba engrosando las filas de su batallón con patriotas de Lambayeque, Ferreñafe, Chiclayo, Guadalupe, Chongoyape, Chota, Cutervo, Santa Cruz y Huambos. Su área de acción abarcaba Lambayeque, Ferreñafe, Chiclayo, Chota, Cutervo hasta parte de Jaén (escribe la historiadora USA, Florencia Mallon – 1984), para su apoyo logístico: armas, municiones, caballos, alimentos, uniformes, etc. En un Parte Chileno, firmado por el General Patricio Lynch dice:

“Aparece de la correspondencia que tengo el honor de adjuntar a usted que los pueblos de Ferreñafe y Chongoyape sirven y han servido de foco en la formación de las fuerzas irregulares y montoneras de Becerra”.

En aquellos tiempos, Becerra ya era un combatiente “curtido” en el fragor de las batallas, de gran experiencia militar, y en especial, creador de situaciones tácticas que posteriormente causaron asombro y temor en las filas del ejército chileno.
Se ve a Becerra, a caballo, al mando de distinguidos Jefes y oficiales, organizar adecuadamente la resistencia a las tropas chilenas (en grupos, en guerrillas), coordinando sus acciones con patriotas piuranos, Coronel Fernando Seminario y guerrillero Barrenechea.

Hasta que llegó su mayor prueba de fuego en Chiclayo:
La defensa de Chiclayo ante la llegada de fuerzas chilenas. Becerra por sus informantes llegó a saber que desembarcaría en puerto de Eten una fuerza chilena de 150 hombres muy bien entrenados y equipados y que su misión era ocupar Chiclayo.



Una vez más se ve al héroe, con su mirada enérgica, sus puños apretados y su voz de mando vigorosa, colocando a su gente –60 hombres de infantería y caballería- en las azoteas y bocacalles de la Plaza de Armas de Chiclayo. Nunca antes los chilenos habían recibido una lluvia de balas de soldados peruanos colocados tácticamente en posiciones poco comunes, y no empleadas en la guerra convencional. Toda esa táctica era una novedad.

Los chilenos quedaron asombrados y se repusieron después de un lapso pleno de nerviosismo y de incertidumbre, y emprendieron el contraataque. Murieron algunos Becerristas, pero el Coronel y su Estado Mayor lograron replegarse para organizar nuevos “golpes de mano”. Por supuesto que murieron también varios chilenos.

Naturalmente la superioridad numérica y de equipamiento de los chilenos fue motivo para que la resistencia peruana durara 5 horas, pero, dio a conocer que la moral del soldado peruano estaba bien en alto y fue una llamada de alerta al Comando Chileno.

 La historia militar ha designado a este encuentro “EL COMBATE DE CHICLAYO” – 2 agosto 1882.
Debemos recalcar que ésta acción valerosa de Becerra, fue uno de los motivos por los que el Comandante Chileno Carvallo Orrego ordenó la “total destrucción” de Chota (Parte de Carvallo a Lynch).   

BATALLA DE EL CÁRCAMO

     Después de Huamachuco, solamente quedaba una férrea resistencia en la costa norte – Lambayeque – al mando del valeroso Coronel Manuel José Becerra Silva. Patricio Lynch, Jefe chileno, estaba sumamente preocupado porque su gobierno le ordenaba insistentemente acabar con ese foco de resistencia; toda vez que en el campo político las acciones estaban favorables y faltaba poco para la firma del Tratado de Paz.

Es por eso que Lynch para capturar a Becerra ordena el ataque con 2 Unidades, 200 hombres de caballería, 200 de infantería y además 2 cañones. Lynch y todo el comando chileno sabían del valor de Becerra, su intrepidez y sus movimientos tácticos. Le tenían miedo. En general hablaban del “Infierno de Chota”.

Estatua del Crl Becerra en la Urbanización La Primavera de Lambayeque

Lynch, en un arranque de desesperación, ofreció ascensos a sus oficiales y hasta dinero, a cambio de la captura de Becerra (vivo o muerto); creyendo que así sería fácil derrotarlo y capturarlo. Pero Lynch, nuevamente se equivocó.

Becerra al tener conocimiento del avance de los 400 soldados chilenos, se alegró; dicen que se incendió su rostro y sus ojos “chispearon”: viejo soldado, astuto, pensó que era el momento de atraer a los chilenos a su terreno y allí ofrecer combate y derrotarlos. Así sucedió y así triunfó Becerra, como veremos más adelante.

Con el asesoramiento de sus oficiales, quienes conocían muy bien la zona, Becerra decidió darles batalla en el “Cañón del Cárcamo” (Distrito Cachén, provincia de Chota). Fue una decisión bien concebida. El terreno era apropiado para los peruanos: era un abra, un cañón, una entrada en el Cerro Cárcamo, un poco curva y con cierto desnivel, con pequeñas rocas en ambos flancos que servirían como posiciones bien camufladas para los francotiradores seleccionados. Además allí discurrían las aguas del río La Leche.

Becerra que tenía su tropa (180 hombres) en la zona de Chongoyape y Jayanca, ordenó el avance hacia Cerro Cárcamo, en pequeños grupos y en actitud de desgano y derrota.

Ordenó también a sus informantes y personal de inteligencia que propalaran la noticia de que los peruanos iban en desbande, desmoralizados hasta hambrientos y descalzos, con dirección a la sierra.
Los 400 chilenos (200 infantes, 200 de caballería) se concentraron en Chongoyape y luego emprendieron su marcha, siguiendo las huellas de los peruanos, tomando conocimiento de la “forma tan penosa de su retirada” (recordemos que fue estratagema de Becerra). En marchas forzadas iban los chilenos acercándose al cañón del Cárcamo hasta que lograron divisar al pelotón peruano. Fue entonces cuando el Jefe chileno ordenó a sus 200 jinetes: “¡Al galope, persecución!”.

Siempre cumpliendo las órdenes de Becerra, el pelotón peruano, al ver la entrada de los chilenos, al galope, también arrancaron como disparados, a galope tendido, “jalando” a los chilenos, hasta que llegaran casi al fondo del cañón. Allí entró en acción la caballería peruana y toda la infantería, especialmente los francotiradores desde los peñascos laterales.
     El nutrido y certero fuego de las tropas peruanas, causó gran pánico en las tropas chilenas. No lo podían creer. Cuando se dieron cuenta ya era tarde, habían entrado en una conejera muy difícil de salir.

La confusión entre los chilenos era total hasta los caballos pisoteaban y mataban a sus jinetes, y nada pudo hacer la infantería y los dos cañones. Se escuchaba sólo gritos de dolor y desesperación de los chilenos; voces suplicando y pidiendo ayuda (por supuesto que los peruanos no le dieron la ayuda recordando que los chilenos jamás se compadecieron de los heridos y al contrario los remataban en el ya conocido “repase”). Fue un rotundo triunfo peruano, allí quedaron en el campo de batalla por lo menos 200 chilenos muertos y heridos, la mayoría jinetes; algo de 200 fusiles y numerosas municiones, equipo y algunos caballos.
La fecha de la Batalla de El Cárcamo fue el 18 de setiembre de 1883, es decir, casi a un mes de la firma del Tratado de Ancón.

MUERTE DE BECERRA

     El General Cáceres había nombrado al Coronel Becerra como Comandante en Jefe del Ejército del Norte, y al Coronel Tomás Romero y Flores Jefe Superior y Político del Norte. Ambos eran de carácter muy enérgico y siempre tenían duros encuentros en lo que se refiere a la preeminencia en las órdenes de mando sobre la tropa. Los jefes y oficiales obedecían puntualmente a Becerra, lo que no era igual con Romero y Flores. Esto causó recelo y odio contra Becerra y fue motivo para que en cualquier oportunidad lo desprestigiara, y después su odio llegó a tal punto que Romero y Flores decidieron matarlo.
 
Llegó la ocasión cuando las fuerzas de Cáceres estaban en un desplazamiento de Trujillo a Cajamarca, Romero y Flores, al ver que Becerra se adelantó con su ayudante en la cuesta de MILCO (Prov. San Marcos), ordenó que sus incondicionales dispararán por la espalda a Becerra y le dieran muerte cobardemente, en julio de 1885.

Sabemos que un soldado cacerista mató a Romero y Flores después de algunos meses, al enterarse que él mandó matar a Becerra.
Allí en la subida de MILCO lo enterraron y los lugareños le colocaron una cruz que se llama la CRUZ DE BECERRA y todos los años le rinden honores al Coronel Becerra y a su cruz, el 11 de mayo, con fiestas, pasacalles, misas, desfiles y cánticos.   

EL GUERRERO NO TIENE REPOSO

     Hace ya 125 años que mataron a Becerra, pero como nació para héroe, como dice el poeta, NO PODRÁN MATARLO; que le dispararon y lo remataron a cuchillo, PERO NO PODRÁN MATARLO; qué triste lo asesinaron, PERO NO PODRÁN MATARLO. Becerra está vivo en el corazón de todos los chotanos y poco a poco estará en el de todos los peruanos; de allí que sigue Becerra sin reposo, y su vida es recordado.
Por eso, PERUANOS, debemos actuar unidos y atentos a la lección de Becerra; y nosotros los CHOTANOS debemos actuar con mayor responsabilidad, porque somos sus herederos.

¡VIVA BECERRA! ¡VIVA CHOTA! ¡VIVA EL PERÚ!



Fraternalmente

Luis Romero Yahuachi

jueves, 27 de junio de 2013

Jorge Michel Loloy Guzmán

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Nació en la norteña ciudad de Trujillo el 24 de mayo de 1977 siendo sus padres don Antero Loloy Luis y su madre doña Carmela Guzmán de Loloy.

Ese mismo año, antes de cumplir un año de nacido, su familia se traslada a la ciudad de Lima debido a que el trabajo de su padre lo obligaba a permanecer en la capital, es así que la familia Loloy Guzmán se asienta en el distrito de Carabayllo de Lima Norte, en este distrito Jorge Michel da sus primeros pasos y es donde transcurre toda su corta existencia.

Siendo el tercero de cuatro hermanos, desde muy niño se caracterizó por ser sumamente inquieto, a muy corta edad fue matriculado en un colegio cercano, la Institución Educativa 3054 de La Flor, en donde recibió toda su educación primaria y en donde destaco por sus cualidades en danzas folclóricas, estando presente en múltiples presentaciones escolares, desde ese entonces ya se dejaba entrever sus dotes de líder desempeñándose como policía escolar.


Sus estudios secundarios lo trasladan a la Institución Educativa 2084 'Santa Isabel', en este colegio estudia en el horario de la tarde, pues hombres y mujeres estaban separados por turnos. Desde el 4to año de secundaria sus profesores empiezan a notar su vocación debido a su liderazgo y porte militar, por estos atributos además de su talla y complexión física es seleccionado para formar parte de la escolta de su colegio, ya cursando el 5to año de secundaria y contando con 16 años de edad es designado Brigadier General de su colegio, culmina así sus estudios en 1993.

La vocación militar no era algo singular en la familia Loloy, en aquel entonces el mayor era ya miembro de la Policía Nacional y el segundo Cadete del 3er año (Aspirante) de la Escuela Militar de Chorrillos (EMCH), ambos hermanos trataban de convencerlo de ingresar a la policía o al ejército.

Al año siguiente, en 1994, Jorge Michel Loloy opta por ingresar al Ejército Peruano presentándose voluntariamente a la 1ra División de Fuerzas Especiales (1ra DDIIFFEE) en Surco, para ello obtiene el permiso de sus padres por ser aún menor de edad.


Los militares evalúan al joven voluntario y deciden, dadas sus condiciones físicas, porte y vocación, que ingrese en la unidad de élite de la división: el Batallón de Comandos Nº 19 "Comandante Espinar", acantonado en las instalaciones del Comando de Instrucción y Doctrina del Ejército (COINDE), en Chorrillos.

Es así que Jorge Michel Loloy, después de un extremadamente riguroso entrenamiento militar se convierte en un Comando del Ejército Peruano, en un soldado de élite.

Poco después participa en incursiones y operaciones contrasubversivas y contra el narcotráfico en el Alto Huallaga en donde destaca gracias a su alto grado de desempeño y liderazgo, tal es así que asciende rápidamente al grado de Cabo y luego al de Sargento 2do de Armas.

Los varios diplomas a que se hizo acreedor y su rápido ascenso no hacen más que confirmar su vocación por las armas.

Luego de participar de las operaciones del alto Huallaga le fueron concedidos quince días de permiso que fueron los últimos que pasó en su hogar, al lado de sus seres queridos.

Joven valiente e intrépido solía decirle a su madre que a él le gustaba estar 'donde estaba la acción’, 'porque él era Cool McCool', en alusión a la serie de caricaturas televisivas donde el personaje explicaba su comportamiento diciendo 'Porque yo amo el peligro'. Decíale que él era, citando el lema del comando: 'Duro como el acero, ágil como el jaguar, que solo retrocede para atacar'.

En enero de 1995 cuando se inician las primeras acciones bélicas entre Perú y Ecuador, el Batallón de Comandos Nº 19 es designado por el alto mando del Ejército como la principal unidad de ataque para la recuperación de 'Base Sur', Cueva de los Tallos, Tiwinza y el Alto Cenepa, trasladándose inmediatamente al denominado Teatro de Operaciones del Nor-Oriente (TONO) para luego adentrarse en las agrestes y tupidas selvas de la Cordillera del Cóndor.

Es en estas circunstancias que su familia lo ve por última vez con vida, cuando es entrevistado por el entonces periodista, hoy congresista de la república Guido Lombardi, aparece en las pantallas de televisión de todo el Perú enviando saludos a su querido distrito de Carabayllo y a sus familiares.

Jorge Michel Loloy participó en las acciones militares de mayor importancia del conflicto del Cenepa, combatió al lado de sus compañeros en las peores condiciones imaginables, con muy escasos recursos logísticos, luchando con un enemigo muy bien equipado y con mayor potencia de fuego. Solo su bravura y determinación los hizo vencer en los combates tomando todas las posiciones a las cuales fueron misionados y causando la retirada del enemigo el cual en su huida abandono armamento y pertrechos y ocasionándole graves bajas que extraoficialmente sumaron en personal el equivalente a una unidad del valor de un batallón de infantería, es decir, más de trescientos hombres.

Cuando ya las acciones bélicas parecían haber concluido con la firma del tratado de "ITAMARATY", en una última operación militar llevada a cabo por los comandos a fin de consolidar las posiciones recuperadas, es que cae abatido.

No pudieron derrotarlo las balas enemigas en acción directa, pues siempre rehuyeron al valiente combate cuerpo a cuerpo, ya sea en Base Sur, Cueva de Los Tayos, o Tiwinza. Fue un arma prohibida y de cobardes, una mina antipersonal, la que corto la vida de este valiente militar peruano un triste 28 de febrero de 1995.



La Nación peruana lo condecoró póstumamente con 'La Medalla al Combatiente Andrés Avelino Cáceres', El Congreso de la República del Perú con 'La cruz de Hierro', asimismo el Comando Conjunto de las Fuerzas (CCFFAA) hizo entrega a sus deudos del 'Diploma a Los Vencedores del Cenepa', y es ascendido póstumamente al grado de Sargento Primero, El municipio de Carabayllo dispone entonces que uno de sus parques lleve el nombre del héroe y coloca un busto en su memoria. Su nombre está escrito en el Epitafio de los Héroes en el cuartel Grau del Ejército del Perú en la Lista de Honor del Batallón de Comandos Nº 19 "Comandante Espinar".

Los restos de este joven, noble y ejemplar descansan finalmente en el cementerio "El Ángel" en el pabellón Santa Emma.

El Sargento Primero del Ejército Peruano, Comando Jorge Michel Loloy Guzmán, dio un gran ejemplo con sus acciones de buen hijo, excelente líder y bravo combatiente, pero sobre todo fue una gran persona que no dudo en arriesgar su vida y finalmente ofrendarla por los intereses de su patria y por la paz de todos los peruanos.

Este es el sacrificio de la vida de un hijo de Carabayllo el cual jamás debe ser olvidado, todo nuestro distrito le debe el reconocimiento eterno pues la paz y la tranquilidad que ahora nosotros gozamos la pagó él en nombre de todos nosotros con cada gota de su sangre.


Fraternalmente
Luis Romero Yahuachi

miércoles, 12 de junio de 2013

Wilmer Vásquez Isuiza

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EL 7 de junio, día de nuestra bandera y de la epopeya de Arica, nos encuentra enfrascados en un debate sobre el servicio militar que deja la percepción de que, en el Perú, ese servicio es solo una opción para escapar de la pobreza o para corregir a pandilleros. En las naciones desarrolladas, en cambio, es un gran honor y, por tanto, sirven casi todos los ciudadanos, de príncipe a paje.

Esta es una historia para que los jóvenes sepan lo que un peruano es capaz de hacer cuando sirve a su patria, y entiendan por qué es un honor servirla. Es la historia de Wilmer Vásquez Isuiza, un chico de Saposoa que, a los 17 años, protagonizó un episodio de valor conmovedor: Él solo se enfrentó y contuvo a una columna de 30 terroristas.

Por su 1.54 de estatura y su figura flaca, el cabo Pistón (nombre de guerra) era el punto de las bromas del Batallón Contra Terrorista 26 – Tocache. Pero en ese cuerpo esmirriado habitaba un guerrero indomable, como lo demostró el 13 de diciembre de 1997, cuando su patrulla fue emboscada en la zona de Pizana.

El vehículo en que viajaba y sus ocupantes volaron por los aires al estallar una bomba sembrada en el camino. Inmediatamente después, una lluvia de balas cayó desde el monte sobre la tropa, muriendo 14 integrantes de la patrulla, solo el cabo “Pistón” salió ileso.



Cuando los terroristas -comunistas empezaron a bajar para rematar a los heridos y robarse el armamento, Wilmer los repelió. El cabo, que había quedado aturdido por la bomba, reaccionó, rescató las armas que pudo, se parapetó detrás de una vaca muerta y resistió allí. Los terroristas le disparaban y le exigían que se rindiera; él les disparaba. Un terrorista logró rodearlo pero lo dejó fuera de combate con un tiro. Al final del desigual enfrentamiento, Wilmer había abatido a nueve terroristas: Uno muerto y ocho heridos.

Cuando las tropas de refuerzo llegaron, se encontraron ante un cuadro dantesco: cuerpos despedazados y cadáveres desperdigados. Detrás de la res estaba “Pistón” aferrado a su fusil, llorando a sus camaradas caídos. Quiso sumarse a la persecución de los asesinos, pero no lo dejaron.


Wilmer Vasquez Isuiza es condecorado


Por su valentía, fue ascendido a sargento y se ganó el respeto de sus camaradas. Al irse de baja no pudo leer el discurso de su promoción – era analfabeto -, pero pidió la palabra para recordar a sus hermanos caídos. Dijo que esas muertes no fueron en vano porque el terrorismo había sido derrotado, y que “el más alto honor que tiene un soldado es dar su vida por la patria (…) porque rico no es el que tiene dinero sino el que tiene valores”.

“Pistón” recibió el 2012 un homenaje de la 3ª Brigada de Fuerzas Especiales del Ejército, en Tarapoto, merecido, pero insuficiente, por su acto de valor. El país le debe un reconocimiento cabal porque demostró, ante todo, que servir a la patria es un honor, no un castigo, ni un escape. Aprendan los políticos.



Fraternalmente
Luis Romero Yahuachi

lunes, 27 de mayo de 2013

Batalla de Fredericksburg

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La Batalla de Gettysburg (1 de julio al 3 de julio de 1863) se desarrolló alrededor del pueblo de Gettysburg, Pensilvania, como parte de la campaña de Gettysburg, durante la Guerra Civil estadounidense. Ha sido la batalla que tuvo más bajas en los Estados Unidos y es frecuentemente considerada, en combinación con el sitio de Vicksburg, como el punto de inflexión de la Guerra Civil Estadounidense (1861-1865), marcando el inicio de la ofensiva de la Unión.
Fue una gran victoria para el Ejército federal (Ejército de la Unión) y un hecho desastroso para la Confederación. El ejército de la Unión estaba comandado por el mayor general George G. Meade y los confederados por el destacado estratega, general Robert E. Lee.


En junio de 1863, Robert E. Lee atacó al ejército federal del Potomac, invadiendo Pensilvania y destruyendo las comunicaciones entre este lugar y el grueso del ejército, que se encontraba asediando la ciudad de Vicksburg. Abraham Lincoln mandó entonces a su mayor general Joseph Hooker a movilizarse con su ejército, pero fue relevado en la víspera de la batalla por el también mayor general George G. Meade.

Durante los dos primeros días hubo más bajas en el lado de la Unión, aunque esto no debilitó del todo a sus tropas, ya que se podían permitir perder más hombres que los confederados, al ser éstos menos en número. Este hecho se repitió muchas veces en la Guerra Civil Americana, lo que llevó a que el teniente general Ulysses S. Grant fuese llamado el carnicero, ya que no le molestaba intercambiar bajas. El 3 de julio se produjo un gran duelo de artillería entre los 230 cañones, de un lado y otro. Los confederados, entonces, lanzaron un enorme ataque con 14.000 soldados contra sus enemigos, al mando del mayor general George Pickett. Los unionistas quedaron sorprendidos ante tal avance y se defendieron con sucesivos ataques de artillería. En las primeras descargas ya destrozaron a las filas confederadas. Los confederados siguieron avanzando a pesar del cañoneo y las descargas de fusil de los unionistas, lo que produjo numerosas bajas. Al final tan solo 150 hombres lograron llegar a las líneas enemigas. Cerca de 7.000 hombres del Sur dejaron la vida en este último día de batalla, porque esta gran victoria unionista dejó desconsolado y exhausto a Lee, que vio su aureola de invencibilidad seriamente dañada.

El plan de campaña elaborado por Burnside constaba de dos fases. En una primera, Burnside confiaba en engañar a Lee mediante un movimiento secundario hacia la principal concentración de fuerzas confederadas en Warrenton, inmovilizándolas allí. La segunda fase del plan, contemplaba que el grueso de las fuerzas avanzara a marchas forzadas hacia el sudeste, cruzando el Rio Rappahanock en dirección a la ciudad de Fredericksburg, capturándola, para dirigirse rápidamente al sur siguiendo el ferrocarril, antes de que los confederados pudieran reaccionar en defensa de su capital. Aunque el plan suscitó dudas en Lincoln, este finalmente lo aprobó, aunque encareció a Burnside para que lo ejecutara con la mayor rapidez posible.

El Mayor Jevish y los de Alabama en Gettysburg

El ejército del Potomac, con unos 120.000 hombres comenzó a agruparse para cruzar el Rappahanock entre el 15 y el 17 de Noviembre, pero debido a una serie de errores burocráticos, los pontones no habían llegado a tiempo, lo que inmovilizó a las tropas federales en la orilla este del rio.

Aunque las tropas confederadas que había en Fredericksburg no pasaban de un batallón, Burnside se negó a intentar vadear el rio por miedo a que el caudal creciera aislando a las tropas que lo cruzaran. En vez de eso, Burnside decidió esperar a los puentes, lo que dio tiempo a que los confederados enviaran rápidamente refuerzos masivos a Fredericksburg. Los pontones no llegaron hasta finales de mes, momento en el que los confederados habían concentrado solo parte del ejército de Virginia en Fredericksburg. Pese a ello, Burnside se negó nuevamente a atacar hasta que se completaran los puentes, cosa que no ocurrió hasta el 12 de Diciembre.

La batalla comenzó el día 13. Nuevamente, al igual que McLellan en Antietam, Burnside cometió el error de dispersar sus tropas por toda la línea, sin concentrarlas en ningún punto. Eso impidió que en el flanco izquierdo federal, las tropas del general Franklin explotaran un punto débil que encontraron en la línea confederada, y el avance inicial fue detenido por los contraataques confederados. En el flanco derecho, las tropas federales se enfrentaban a una formidable posición defensiva elevada, formada por un canal y una pared de piedra, denominada Marye´s Heights, desde donde los defensores podían batir a los atacantes a placer. Ciertamente era el punto menos adecuado para intentar una ruptura del frente confederado. Pese a ello, Burnside lanzó una tras otras a las divisiones de los cuerpos de los generales Hooker y Summer en sucesivos asaltos frontales contra dicha posición, siendo rechazados todos ellos con grandes bajas para los federales.

Al anochecer el combate cesó, y aunque Burnside pensó en mandar otra carga contra Marye´s Heights al día siguiente, finalmente convino en que no era posible tomarla al asalto, y ordenó la retirada al otro lado del rio. Fredericksburg le costó a la Unión unas 12.500 bajas por 5.000 confederadas, siendo uno de los mayores desastres sufridos por el ejército federal en la guerra.

Ataque al flanco izquierdo de la Unión.
Joshua Lawrence Chamberlain (September 8, 1828 – February 24, 1914)

Como las divisiones de Longstreet detuvieron al III Cuerpo de la Unión, Meade tuvo que enviar refuerzos incluyendo la totalidad del V Cuerpo, la División de Caldwell del II Cuerpo, varios del XI Cuerpo y una pequeña porción del VI Cuerpo. Una encarnizada lucha le permitió tomar Devil's Den, la Wheatfield, Little Round Top y la Peach Orchard. El III Cuerpo fue prácticamente destruido por la artillería. El mayor general Daniel Sickles sufrió la amputación de una pierna a causa de un cañonazo. La División de Caldwell fue aniquilada en Wheatfield. La División del confederado Anderson inició el ataque alrededor de las 18:00, localizándose en la cresta de Cemetery Ridge, pero no pudo sostener la posición debido a un gran contraataque por parte del II Cuerpo.



Entre tanto el coronel Strong Vicent del V Cuerpo de ejército de la Unión estuvo resistiendo con una pequeña brigada, en una importante colina: Little Round Top. Debió resistir los repetidos ataques de los confederados con su relativamente pequeño regimiento. El brigadier general Kemble Warren, consciente de la importancia de aquella posición, envió a la Brigada de Vincent, la batería de artillería de Hazlett y al Regimiento 140 de Nueva York a ocupar Little Round Top lo más rápido posible antes de que las tropas de Hood llegaran. La defensa de Little Round Top con una carga de bayoneta del 20° Regimiento de infantería voluntaria del Maine, al mando del coronel Joshua L. Chamberlain, fue uno de los sucesos más recordados de la Guerra de Secesión.
La primera carga confederada no tardó en llegar, y los unionistas aguantaron. Chamberlain ordenó a parte de su regimiento que se formara en ángulo respecto a la línea principal para evitar ser flanqueados por los confederados. Durante otros noventa minutos el 20º de Maine aguantó dos cargas más. En lo que iba a ser la carga final, Chamberlain se encontraba con un reducido número de tropas, y lo que era peor, sin munición. Ordenó entonces a sus tropas en el flanco izquierdo que calaran las bayonetas y avanzaran. Dicho flanco había retrocedido, así que cuando logró avanzar y se alineó con el resto del regimiento Chamberlain generalizó la orden. Se inició entonces una desesperada carga de bayoneta por parte de los unionistas que pasaría a la historia, y que entonces salvaría a Little Round Top de caer en manos confederadas.
La batalla de Gettysburg había terminado, y con ella la invencibilidad de Lee y las esperanzas de supervivencia para la Confederación. Atrás quedaban, como doloroso recuerdo para ambos bandos de una misma nación, cerca de cien mil hombres que habían dado su vida en una absurda lucha fratricida, probablemente la peor de todas las guerras.


 Fraternalmente
Luis Romero Yahuachi