lunes, 22 de julio de 2013

Coronel Becerra

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El Coronel Manuel José Becerra Silva fue declarado héroe nacional, por ley Nº 23955 del 27 de octubre de 1984, a cien años de su rotundo triunfo en la Batalla de El Cárcamo, que se llevó a cabo el 18 de septiembre de 1883. Ahora está con el laurel inmarcesible de vencedor, junto a Grau, Bolognesi, Cáceres y Quiñones, en el altar que la patria ha destinado para distinguir y homenajear a sus hijos predilectos.   

NACIÓ PARA HÉROE

El Coronel Becerra nació el 20 marzo de 1843 en Chota y también se educó allí, terminando sus estudios secundarios en el Colegio Nacional San Juan el año 1871. El año 1872, por su capacidad intelectual y probidad de sus actos, es nombrado director del Colegio Nacional de Caraz. Pero Chota lo reclama, y regresa el año 1874, como Vice-Rector (Sub Director) y profesor de matemáticas del Colegio San Juan.



Su reconocida habilidad y espíritu de trabajo, así como su dinamismo y magistrales conocimientos matemáticos, muy pronto lo convierten en el líder y guía ejemplar tanto de la juventud Sanjuanista como también de toda la juventud chotana, de tal manera que es el hombre indicado para regir los destinos de la administración distrital y provincial, de allí que en 1878, es elegido con gran popularidad, Alcalde Provincial de Chota.
Cuando Chile le declara la guerra al Perú – 5 abril 1879 – Becerra era el Jefe indiscutible para la ocasión, muy querido por sus alumnos y por el pueblo chotano. Es decir, Becerra NACIÓ PARA HÉROE. Sus innatas condiciones de hombre probo, de temperamento enérgico y de notable carisma, fueron valoradas por sus paisanos, convirtiéndose desde aquellos días en un verdadero héroe. Claro que en esos momentos difíciles, varios chotanos demostraron su amor a la patria, pero Becerra era el faro guía, el que contagiaba a toda la población en las diversas actividades preparatorias para la guerra.

Desde aquel 5 de abril, se le ve a Becerra en todas partes: organizando comisiones para colectas de dinero, armas, municiones, tela para uniformes, estandarte, medicinas y, principalmente, en la organización del Batallón Chota, que después fue llamado Batallón Chota Nº 7, con un efectivo de más de 300 hombres y una estructura magnífica que sobresalía a la de muchos batallones limeños.

Recordemos algunos pasajes de su ARENGA en la Asamblea Popular en la Plaza de Armas de Chota, en la que comunica la declaratoria de Guerra de Chile al Perú, registrados con la pluma de un poeta anónimo que presenció dicha asamblea, y nos dejó escrito lo siguiente:

Salieron de su verbo / encendidas bandadas / de avecillas blaquirrojas / y todos en / silencio le escucharon decir: / porque la patria es nuestra y hermosa / y sólo nuestra / yo defenderé con mi vida / su primer grano de arena, / defendamos con nuestras vidas / su última línea de horizonte. / Vientos de arauca / nos mandan ventarrones / de guano y de salitre / y traen además dos cajas fuertes / y dos gringos de escolta, / un norteamericano y un inglés./ ¡Aquí están tus alumnos! / dijo el San Juan; / ¡Aquí tus vecinos!/ dijo el pueblo.
Terminó el mitin en forma estruendosa: / ¡Viva Chota!, ¡Viva el Perú!, ¡Muera Chile!



Becerra condujo a su batallón a pie hasta Trujillo, en buenas condiciones, superando los estragos del frío; y después del calor en los arenales de la costa, llegando a Trujillo la segunda quincena de mayo de 1879.
El itinerario fue el siguiente: Chota, Quilcate, San Pablo, Chilete, Ascope y Trujillo, a pie. De Trujillo el batallón fue transportado a Lima por barco.
Partieron de Chota la primera semana de mayo 1,879; la llegada a Ascope entre el 12 y 15 de mayo; a Trujillo entre el 16 y 20 de mayo. En Trujillo fueron embarcados aproximadamente el 30 de mayo, y su arribo al Callao fue el 4 de Junio de 1,879. Naturalmente que algunas fechas son aproximadas, otras son exactas y constan en documentos de la época o en copias de documentos.
Pocos días después el Batallón se embarcaba por mar rumbo a Lima, llegando el mes de junio. Allí, su figura era inconfundible en las etapas de entrenamiento militar: su talla mediana, facciones regulares, delgado, ojos vivaces y enérgico en su trato, permitieron una rápida capacitación militar de sus soldados (además de los distinguidos jefes limeños destacados al batallón como instructores) a tal punto que en pocos meses ya el batallón Chota estuvo en capacidad de ser incluido en los planes de la defensa de Lima, junto a otros batallones de línea.



Los chotanos combatieron en las batallas de San Juan y Miraflores – enero 1881 – murieron muchos chotanos, hasta algunos músicos, y salieron heridos varios. Uno de los que se batió con heroísmo fue el mayor José Osores Valera que murió en la batalla de Miraflores –su nombre figura en el monumento del Morro Solar, Chorrillos, erigido a los defensores de la patria-. Becerra salió herido.

Una vez que los chilenos ocuparon Lima, Cáceres y Becerra tuvieron una entrevista, toda vez que el Brujo de los Andes fue testigo de la bravura de Becerra y de su intención de continuar la lucha contra el invasor mapochino. Cáceres exhortó a Becerra a continuar con la resistencia y apoyarlo llegado el momento de romper fuego sobre los invasores.
Cáceres partió a la sierra central y Becerra a Chota con unos cuantos sobrevivientes.

Becerra en Chota organiza un nuevo batallón “Defensores de la Patria” y se levanta en armas junto al Coronel cajamarquino Mercedes Puga, protestando por la inacción del Contralmirante Montero y el Coronel Miguel Iglesias, para organizar la resistencia contra los chilenos. No daban señal alguna.

El movimiento militar no prosperó y Becerra con algunos de sus seguidores se trasladó a Huambos y allí permaneció en la casa de unos familiares de su esposa.

Cuando Becerra se encontraba en Huambos, una madrugada fue sorprendido por una comisión de 20 hombres al mando de don Esteban Acevedo, enviada por el general Iglesias, los que sitiaron la casa donde se encontraba Becerra durmiendo. El día anterior había llegado su cuñado, don Miguel Vílchez, con quien se dijo iba a emprender un viaje a la costa por asuntos de negocios; por este motivo Becerra se encontraba con su cuñado. Al aclarar el día los de la comisión golpearon la puerta y le pidieron rendición; a esto Becerra contestó: ¡NO ME RINDO, Y ENTRE EL QUE PUEDA!, quedando los de la comisión paralizados (conociendo la fama de Becerra), esperando que al fin Becerra se doblegara.


Manuel Montenegro Villalobos, natural  de Huambos (Chota-Cajamarca)
Cabo de la 1ra. Compañía del Batallón Chota Nº 7.
 Murió en la Batalla San Juan (13 de enero de 1881)



Los huambinos partidarios de Becerra que se habían enterado del incidente, se dirigieron debidamente armados a la huerta inmediata a la casa donde estaba él, denominada Tunacirca, avisándole a Becerra por intermedio de una señora llamada Cruz Olano la que hizo su ingreso a la casa sitiada fingiendo ser ama del menor hijo de Becerra para atenderlo; lo que fue aceptado por los sitiadores, ya que llevaba debajo del brazo algunos pañales. Becerra aconsejó a la señora Olano que saliera nuevamente con una taza para traer remedio, dejando la puerta un poco abierta. Esteban Acevedo, jefe de la comisión, que se encontraba paseándose en la vereda, tuvo el descuido de pararse en la puerta mirando hacia adentro, ocasión que aprovecharon los sitiados para dispararle un balazo que le atravesó del pecho a la espalda.
Los miembros de la comisión al ver caer a su jefe, trataron de huir inmediatamente, pero al mismo tiempo salieron los Becerristas de la huerta vecina disparando sus armas y vivando a Becerra, quien salió de la casa junto con su cuñado gritando ¡Viva Huambos! y de inmediato persiguieron a tiros a los de la comisión, que al ver la decisión de los Becerristas, escaparon en diferentes direcciones. En esta acción cayeron muertos los chotanos Segundo Pérez y Pablo Gavidia; a Esteban Acevedo lo mandó recoger la señora Juliana Villalobos con la misma gente de Becerra y le proporcionó los cuidados necesarios hasta que poco a poco se recuperó. Acevedo en agradecimiento, en adelante la trataba de "Mamá Juliana" y a su hijo Ezequiel de hermano, tratamiento que le dio hasta su muerte; quedando también muy agradecido de los huambinos que, pudiendo victimarlo le ayudaron a sanar pronto.

El general Iglesias al conocer los hechos ordenó que desde Chota viajara con dirección a Huambos el coronel Manuel Antonio Sánchez al mando de trescientos hombres a combatir a Becerra hasta derrotarlo. Becerra fue avisado y resolvió esperarlo y enfrentarlo, construyendo trincheras con su gente a la entrada de la ciudad en los lugares denominados Portachuelo y la Ermita.
Manuel Antonio Sánchez dispuso que su gente atacara en dos direcciones. Una fuerza atacó por el Portachuelo, ingresando por "La Loma" y la otra por "La Ermita". El combate duró tres horas. Los atacantes incendiaron las casas de La Loma y dirigieron sus disparos nutridos contra los Becerristas quienes, al ver que los enemigos eran superiores en número y estaban bien armados, emprendieron la retirada, protegiendo siempre a su jefe. La lealtad de su gente, el valor y decisión con que combatieron, así como la acción vandálica de la gente de Manuel Antonio Sánchez, fue descrita por el propio Becerra en los siguientes versos:

EL COMBATE DE HUAMBOS

De inmediato Becerra decide organizar la resistencia en la región de la costa –julio 1882- y para eso viaja al departamento de Lambayeque con unos cuantos sobrevivientes. En esa región, poco a poco organiza otra unidad, denominada “Batallón Chota Nº 4”, con un efectivo reducido, hasta que en el año 1883 llegó a completar un efectivo de 180 hombres de caballería e infantería.

Estableció su centro de operaciones en Chiclayo y allí iba engrosando las filas de su batallón con patriotas de Lambayeque, Ferreñafe, Chiclayo, Guadalupe, Chongoyape, Chota, Cutervo, Santa Cruz y Huambos. Su área de acción abarcaba Lambayeque, Ferreñafe, Chiclayo, Chota, Cutervo hasta parte de Jaén (escribe la historiadora USA, Florencia Mallon – 1984), para su apoyo logístico: armas, municiones, caballos, alimentos, uniformes, etc. En un Parte Chileno, firmado por el General Patricio Lynch dice:

“Aparece de la correspondencia que tengo el honor de adjuntar a usted que los pueblos de Ferreñafe y Chongoyape sirven y han servido de foco en la formación de las fuerzas irregulares y montoneras de Becerra”.

En aquellos tiempos, Becerra ya era un combatiente “curtido” en el fragor de las batallas, de gran experiencia militar, y en especial, creador de situaciones tácticas que posteriormente causaron asombro y temor en las filas del ejército chileno.
Se ve a Becerra, a caballo, al mando de distinguidos Jefes y oficiales, organizar adecuadamente la resistencia a las tropas chilenas (en grupos, en guerrillas), coordinando sus acciones con patriotas piuranos, Coronel Fernando Seminario y guerrillero Barrenechea.

Hasta que llegó su mayor prueba de fuego en Chiclayo:
La defensa de Chiclayo ante la llegada de fuerzas chilenas. Becerra por sus informantes llegó a saber que desembarcaría en puerto de Eten una fuerza chilena de 150 hombres muy bien entrenados y equipados y que su misión era ocupar Chiclayo.



Una vez más se ve al héroe, con su mirada enérgica, sus puños apretados y su voz de mando vigorosa, colocando a su gente –60 hombres de infantería y caballería- en las azoteas y bocacalles de la Plaza de Armas de Chiclayo. Nunca antes los chilenos habían recibido una lluvia de balas de soldados peruanos colocados tácticamente en posiciones poco comunes, y no empleadas en la guerra convencional. Toda esa táctica era una novedad.

Los chilenos quedaron asombrados y se repusieron después de un lapso pleno de nerviosismo y de incertidumbre, y emprendieron el contraataque. Murieron algunos Becerristas, pero el Coronel y su Estado Mayor lograron replegarse para organizar nuevos “golpes de mano”. Por supuesto que murieron también varios chilenos.

Naturalmente la superioridad numérica y de equipamiento de los chilenos fue motivo para que la resistencia peruana durara 5 horas, pero, dio a conocer que la moral del soldado peruano estaba bien en alto y fue una llamada de alerta al Comando Chileno.

 La historia militar ha designado a este encuentro “EL COMBATE DE CHICLAYO” – 2 agosto 1882.
Debemos recalcar que ésta acción valerosa de Becerra, fue uno de los motivos por los que el Comandante Chileno Carvallo Orrego ordenó la “total destrucción” de Chota (Parte de Carvallo a Lynch).   

BATALLA DE EL CÁRCAMO

     Después de Huamachuco, solamente quedaba una férrea resistencia en la costa norte – Lambayeque – al mando del valeroso Coronel Manuel José Becerra Silva. Patricio Lynch, Jefe chileno, estaba sumamente preocupado porque su gobierno le ordenaba insistentemente acabar con ese foco de resistencia; toda vez que en el campo político las acciones estaban favorables y faltaba poco para la firma del Tratado de Paz.

Es por eso que Lynch para capturar a Becerra ordena el ataque con 2 Unidades, 200 hombres de caballería, 200 de infantería y además 2 cañones. Lynch y todo el comando chileno sabían del valor de Becerra, su intrepidez y sus movimientos tácticos. Le tenían miedo. En general hablaban del “Infierno de Chota”.

Estatua del Crl Becerra en la Urbanización La Primavera de Lambayeque

Lynch, en un arranque de desesperación, ofreció ascensos a sus oficiales y hasta dinero, a cambio de la captura de Becerra (vivo o muerto); creyendo que así sería fácil derrotarlo y capturarlo. Pero Lynch, nuevamente se equivocó.

Becerra al tener conocimiento del avance de los 400 soldados chilenos, se alegró; dicen que se incendió su rostro y sus ojos “chispearon”: viejo soldado, astuto, pensó que era el momento de atraer a los chilenos a su terreno y allí ofrecer combate y derrotarlos. Así sucedió y así triunfó Becerra, como veremos más adelante.

Con el asesoramiento de sus oficiales, quienes conocían muy bien la zona, Becerra decidió darles batalla en el “Cañón del Cárcamo” (Distrito Cachén, provincia de Chota). Fue una decisión bien concebida. El terreno era apropiado para los peruanos: era un abra, un cañón, una entrada en el Cerro Cárcamo, un poco curva y con cierto desnivel, con pequeñas rocas en ambos flancos que servirían como posiciones bien camufladas para los francotiradores seleccionados. Además allí discurrían las aguas del río La Leche.

Becerra que tenía su tropa (180 hombres) en la zona de Chongoyape y Jayanca, ordenó el avance hacia Cerro Cárcamo, en pequeños grupos y en actitud de desgano y derrota.

Ordenó también a sus informantes y personal de inteligencia que propalaran la noticia de que los peruanos iban en desbande, desmoralizados hasta hambrientos y descalzos, con dirección a la sierra.
Los 400 chilenos (200 infantes, 200 de caballería) se concentraron en Chongoyape y luego emprendieron su marcha, siguiendo las huellas de los peruanos, tomando conocimiento de la “forma tan penosa de su retirada” (recordemos que fue estratagema de Becerra). En marchas forzadas iban los chilenos acercándose al cañón del Cárcamo hasta que lograron divisar al pelotón peruano. Fue entonces cuando el Jefe chileno ordenó a sus 200 jinetes: “¡Al galope, persecución!”.

Siempre cumpliendo las órdenes de Becerra, el pelotón peruano, al ver la entrada de los chilenos, al galope, también arrancaron como disparados, a galope tendido, “jalando” a los chilenos, hasta que llegaran casi al fondo del cañón. Allí entró en acción la caballería peruana y toda la infantería, especialmente los francotiradores desde los peñascos laterales.
     El nutrido y certero fuego de las tropas peruanas, causó gran pánico en las tropas chilenas. No lo podían creer. Cuando se dieron cuenta ya era tarde, habían entrado en una conejera muy difícil de salir.

La confusión entre los chilenos era total hasta los caballos pisoteaban y mataban a sus jinetes, y nada pudo hacer la infantería y los dos cañones. Se escuchaba sólo gritos de dolor y desesperación de los chilenos; voces suplicando y pidiendo ayuda (por supuesto que los peruanos no le dieron la ayuda recordando que los chilenos jamás se compadecieron de los heridos y al contrario los remataban en el ya conocido “repase”). Fue un rotundo triunfo peruano, allí quedaron en el campo de batalla por lo menos 200 chilenos muertos y heridos, la mayoría jinetes; algo de 200 fusiles y numerosas municiones, equipo y algunos caballos.
La fecha de la Batalla de El Cárcamo fue el 18 de setiembre de 1883, es decir, casi a un mes de la firma del Tratado de Ancón.

MUERTE DE BECERRA

     El General Cáceres había nombrado al Coronel Becerra como Comandante en Jefe del Ejército del Norte, y al Coronel Tomás Romero y Flores Jefe Superior y Político del Norte. Ambos eran de carácter muy enérgico y siempre tenían duros encuentros en lo que se refiere a la preeminencia en las órdenes de mando sobre la tropa. Los jefes y oficiales obedecían puntualmente a Becerra, lo que no era igual con Romero y Flores. Esto causó recelo y odio contra Becerra y fue motivo para que en cualquier oportunidad lo desprestigiara, y después su odio llegó a tal punto que Romero y Flores decidieron matarlo.
 
Llegó la ocasión cuando las fuerzas de Cáceres estaban en un desplazamiento de Trujillo a Cajamarca, Romero y Flores, al ver que Becerra se adelantó con su ayudante en la cuesta de MILCO (Prov. San Marcos), ordenó que sus incondicionales dispararán por la espalda a Becerra y le dieran muerte cobardemente, en julio de 1885.

Sabemos que un soldado cacerista mató a Romero y Flores después de algunos meses, al enterarse que él mandó matar a Becerra.
Allí en la subida de MILCO lo enterraron y los lugareños le colocaron una cruz que se llama la CRUZ DE BECERRA y todos los años le rinden honores al Coronel Becerra y a su cruz, el 11 de mayo, con fiestas, pasacalles, misas, desfiles y cánticos.   

EL GUERRERO NO TIENE REPOSO

     Hace ya 125 años que mataron a Becerra, pero como nació para héroe, como dice el poeta, NO PODRÁN MATARLO; que le dispararon y lo remataron a cuchillo, PERO NO PODRÁN MATARLO; qué triste lo asesinaron, PERO NO PODRÁN MATARLO. Becerra está vivo en el corazón de todos los chotanos y poco a poco estará en el de todos los peruanos; de allí que sigue Becerra sin reposo, y su vida es recordado.
Por eso, PERUANOS, debemos actuar unidos y atentos a la lección de Becerra; y nosotros los CHOTANOS debemos actuar con mayor responsabilidad, porque somos sus herederos.

¡VIVA BECERRA! ¡VIVA CHOTA! ¡VIVA EL PERÚ!



Fraternalmente

Luis Romero Yahuachi

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